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FELIZ AÑO!
Celebramos que se acaba el año 2010 y empieza el 2011. En realidad no se acaba nada, ni empieza nada. El tiempo es un contínuo de ciclos que no tiene ni principio ni fin.
A mí me gusta pensar que cada instante es un gran acontecimiento por si mismo.
Nuestra mente piensa a través de cosas que empiezan y se acaban. Dividimos y organizamos todo. Pensamos el mundo como si fuera una especie de rompecabezas de países diferentes en lugar de vivir un espacio contínuo con personas, idiomas y costumbres diversas. Pensamos la vida como si fuera un gran repertorio de especies vegetales y animales ordenadas por su grado evolutivo o por su función en un ecosistema, en lugar de vivir un sistema contínuo de vida en el que cualquier ser es independiente de los demás y todos son de la misma tierra. Y pensamos el cuerpo humano como si fuera un conglomerado de sistemes independientes (el esqueleto, el aparato circulatorio, el aparato respiratorio, el sistema inmunológico...) y el hombre es un único ser. Y ni tan sólo esto es verdad del todo. Es nuestra mente que nos hace pensar que cada uno de nosotros es un ser independiente de todo el resto. Es el gran artificio del “yo”.
Todas estas divisiones y clasificaciones, incluso la idea del “yo”, nos lleva a una locura que nos aleja del contacto con la naturaleza y el amor hacia aquello que nos envuelve. La trampa es que esta locura es muy eficiente a la hora de aumentar el nivel de vida y lo que cotidianamente llamamos vivir “bien”. Mientras sigamos creyendo que yo soy un “yo” independiente, se justifica totalmente seguir viendo el mundo como una multitud de objetos de los cuales “me” puedo beneficiar. Es como decir que puedo explotar para “mi" beneficio.
Creo que la vida sería mucho más sencilla si cada uno de nosotros viviéramos nuestro propio presente sintiéndonos como una parte del resto del mundo. Sintiendo que cada uno de nuestros vecinos forma parte de la misma realidad que nosotros mismos. Sintiendo que yo y mi tierra somos una unidad y la misma cosa.
Este es el mensaje de Navidad. Acordarnos que la idea del "yo" se puede trascender para vivir integrados en la naturaleza en contacto real con las personas que nos rodean.
Y todo este discurso... para DESEAROS la fortuna de trascender la idea del "yo" y que tengais la gracia de vivir aquella preciosa sensación que llamamos AMOR.
Òscar Pont
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Celebramos que se acaba el año 2010 y empieza el 2011. En realidad no se acaba nada, ni empieza nada. El tiempo es un contínuo de ciclos que no tiene ni principio ni fin.
A mí me gusta pensar que cada instante es un gran acontecimiento por si mismo.
Nuestra mente piensa a través de cosas que empiezan y se acaban. Dividimos y organizamos todo. Pensamos el mundo como si fuera una especie de rompecabezas de países diferentes en lugar de vivir un espacio contínuo con personas, idiomas y costumbres diversas. Pensamos la vida como si fuera un gran repertorio de especies vegetales y animales ordenadas por su grado evolutivo o por su función en un ecosistema, en lugar de vivir un sistema contínuo de vida en el que cualquier ser es independiente de los demás y todos son de la misma tierra. Y pensamos el cuerpo humano como si fuera un conglomerado de sistemes independientes (el esqueleto, el aparato circulatorio, el aparato respiratorio, el sistema inmunológico...) y el hombre es un único ser. Y ni tan sólo esto es verdad del todo. Es nuestra mente que nos hace pensar que cada uno de nosotros es un ser independiente de todo el resto. Es el gran artificio del “yo”.
Todas estas divisiones y clasificaciones, incluso la idea del “yo”, nos lleva a una locura que nos aleja del contacto con la naturaleza y el amor hacia aquello que nos envuelve. La trampa es que esta locura es muy eficiente a la hora de aumentar el nivel de vida y lo que cotidianamente llamamos vivir “bien”. Mientras sigamos creyendo que yo soy un “yo” independiente, se justifica totalmente seguir viendo el mundo como una multitud de objetos de los cuales “me” puedo beneficiar. Es como decir que puedo explotar para “mi" beneficio.
Creo que la vida sería mucho más sencilla si cada uno de nosotros viviéramos nuestro propio presente sintiéndonos como una parte del resto del mundo. Sintiendo que cada uno de nuestros vecinos forma parte de la misma realidad que nosotros mismos. Sintiendo que yo y mi tierra somos una unidad y la misma cosa.
Este es el mensaje de Navidad. Acordarnos que la idea del "yo" se puede trascender para vivir integrados en la naturaleza en contacto real con las personas que nos rodean.
Y todo este discurso... para DESEAROS la fortuna de trascender la idea del "yo" y que tengais la gracia de vivir aquella preciosa sensación que llamamos AMOR.
Òscar Pont
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A todo el equipo que formamos KIONA
Durante el curso 1989-1990 fui concebiendo, en mi mente, la idea de KIONA.
Fui encontrando soporte en mi familia: en mi marido, en mis padres, en mi hermano Òscar y también en las compañeras de la faculdad; y en junio se juntaron al proyecto la Pepita y la Assupció.
Enseguida surgió la Montse con su empeño de estudiante con ganas de aprender y compartir; y la Maria, y la Gemma, y el Pep, y la Fàtima, y la Laia,...
Quiero decir que hace 20 años que este proyecto está en marcha.
Cuando alguien me preguntaba, en los primeros meses o años "Como está Kiona?"
Yo contestaba: "Estoy en el lugar donde tengo que estar, trabajar en equipo es maravilloso, saber que todos vamos a una y que estamos unidos por una buena causa es muy estimulante para mí, pero no lo sabré como irá hasta que haya pasado los 10 primeros años".
Cuando celebramos los 10 años, Kiona estaba y continúa estando en un momento maravilloso y de muy buenos frutos.
Por Kiona han passado muy buenos profesionales, Kiona ha sido una plataforma desde donde con la experiencia vivida entre nosotros se han creado nuevos centros y nuevos proyectos.
En la secretaría, nucleo neurálgico y de infraestructura, siempre hubo personas que han disfrutado y han ayudado a los profesionales en el trabajo psicológico, logopédico, de atención a los padres, que aparentemente parece fácil y de disfrute, la pudiéramos llevar con más soltura y con más salud.
Estoy muy agradecida a la vida, a las compañeras, a los compañeros, a las personas, a los clientes, por haber podido vivir mi sueño, mi deseo, durante estos 20 años y espero y deseo que durante muchos más.
Laura Pont
Durante el curso 1989-1990 fui concebiendo, en mi mente, la idea de KIONA.
Fui encontrando soporte en mi familia: en mi marido, en mis padres, en mi hermano Òscar y también en las compañeras de la faculdad; y en junio se juntaron al proyecto la Pepita y la Assupció.
Enseguida surgió la Montse con su empeño de estudiante con ganas de aprender y compartir; y la Maria, y la Gemma, y el Pep, y la Fàtima, y la Laia,...
Quiero decir que hace 20 años que este proyecto está en marcha.
Cuando alguien me preguntaba, en los primeros meses o años "Como está Kiona?"
Yo contestaba: "Estoy en el lugar donde tengo que estar, trabajar en equipo es maravilloso, saber que todos vamos a una y que estamos unidos por una buena causa es muy estimulante para mí, pero no lo sabré como irá hasta que haya pasado los 10 primeros años".
Cuando celebramos los 10 años, Kiona estaba y continúa estando en un momento maravilloso y de muy buenos frutos.
Por Kiona han passado muy buenos profesionales, Kiona ha sido una plataforma desde donde con la experiencia vivida entre nosotros se han creado nuevos centros y nuevos proyectos.
En la secretaría, nucleo neurálgico y de infraestructura, siempre hubo personas que han disfrutado y han ayudado a los profesionales en el trabajo psicológico, logopédico, de atención a los padres, que aparentemente parece fácil y de disfrute, la pudiéramos llevar con más soltura y con más salud.
Estoy muy agradecida a la vida, a las compañeras, a los compañeros, a las personas, a los clientes, por haber podido vivir mi sueño, mi deseo, durante estos 20 años y espero y deseo que durante muchos más.
Laura Pont